Primerísimo primer plano del rey emérito Juan Carlos I

Juan Carlos confiesa los graves problemas y señala al actual rey

Juan Carlos fue ninguneado en su última aparición pública

Juan Carlos pensaba que el funeral de la reina Isabel II era su oportunidad para dejarse ver y confesar su calvario. Pero no consiguió el objetivo que se había planteado. Así se pudo comprobar en la recepción que tuvo lugar en Buckingham el domingo 18 de septiembre.

No quería perderse por nada del mundo la despedida de la monarca británica. Había recibido una invitación por parte de la Familia Real, pero llegaba a Reino Unido con la prensa local en su contra. "El deshonrado rey desafía a su gobierno y a su hijo", se podía leer en el Daily Mail.

Algunos pensaban que Juan Carlos daría alguna excusa para ausentarse, pero estaban equivocados. Era la manera que tenía de reivindicarse y de echarle un pulso a Felipe. De alguna manera pretendía demostrarle al mundo que seguía estando presente y que nadie iba a poder con él.

Sin embargo, su paso por el palacio no resultó tan positivo como hubiera deseado. Dicha recepción se celebró en cuatro salones de Buckingham y contó con la presencia de 500 personalidades. Casas reales, diplomáticos, militares y aristócratas se dieron cita en el acto, cuenta Pilar Eyre en su blog de Lecturas.

Los eméritos llegaron en un coche que compartieron con el presidente de Irlanda, Michael Higging. Tuvo que resultar curiosa la escena, ya que el mandatario es de izquierdas y de origen humilde. Chocaba bastante con el perfil que presentan los padres de Felipe.

Juan Carlos saluda a Carlos III, de espaldas
Juan Carlos saludando al nuevo monarca británico. | Agencias

Precisamente el Rey y Letizia llegarían un rato después en los autobuses reales. La periodista especializada en monarquía asegura que el propósito del emérito desde el primer minuto era mantener una conversación con el nuevo monarca británico.

Es posible que Juan Carlos le fuera a pedir apoyo en el proceso que mantiene abierto con Corinna en los tribunales ingleses. Tampoco se descarta que le solicitara colaboración para mejorar su deteriorada imagen ante su hijo y la opinión pública.

La situación iba a resultar de lo más incómoda, sobre todo para el nuevo inquilino de Buckingham. Coincidió con el emérito en una de las salas, aunque hizo todo lo posible por evitarle. Se movía entre los invitados, saludando a cada uno de ellos con un gesto relajado.

De la misma manera se encontraba Camila, muy sonriente con sus invitados. El marido de Sofía, pese a sus problemas de movilidad, se acercó hacia Carlos, que trataba de despistarle. El británico empezaba conversaciones con Macron, Máxima de Holanda o hacía corrillos con sus primos Kent.

Es como si no quisiera darse cuenta de la presencia del antiguo rey de España. Finalmente llegó hasta donde estaba Camila, a la que trató de darle dos besos. La consorte parecía rechazarlos al apoyar sus manos sobre el pecho del emérito.

Los reyes eméritos, Juan Carlos I y Sofía, sentados junto a los actuales reyes de España, Felipe VI y Letizia, en el funeral de Isabel II
Letizia y Sofía estuvieron al lado de Juan Carlos en el funeral. | La 1

Cada vez había más gente en los salones y el español se iba poniendo más nervioso e impaciente.

Juan Carlos no consiguió su objetivo

Juan Carlos, tras varios intentos, consiguió estrecharle la mano al hijo de Isabel II, que parecía muy incómodo. No parecía dispuesto a concederle ni un segundo de atención. 

Al parecer, debía tener muy presentes las críticas que habían vertido los diarios británicos en los últimos días. Censuraban sus comportamientos irregulares, y también era conocedor del malestar que tenía Felipe con él. Procuraba, así, no meterse en líos.

El emérito trató de hablar con rapidez, posiblemente para exponerle algo, pero el nuevo monarca consiguió evitarlo. Para ello utilizó el pretexto de saludar a otros invitados, lo que provocó que le dejara con la palabra en la boca.

Juan Carlos "daba entre pena y vergüenza ajena", señala una fuente a Eyre. Estuvo desplazado y no consiguió que nadie le prestara atención. "Incluso tuvo un gesto brusco hacia Sofía" en su intento por consolarlo, apuntan.